En el principio de los tiempos

N. de la A.: Este drabble se me ocurrió tras leer el fic The Oneironaut de Nightsmoke (en Fanfiction.net), y reflexionando sobre quién es realmente Sebastian, ese personaje del que en realidad sabemos tan poco, llegue a la conclusión de que puede que no sea tan invulnerable y “perfecto” como aparenta, sobre todo después de ver el capítulo 20. Espero que os guste.

En el principio de los tiempos.

En el principio de los tiempos, antes de que el Universo fuera un punto de luz , cuando Dios jugaba alegremente con la nada, lo creó a él. Y también a sus semejantes. De su nacimiento sólo recordaba la luz, la sensación de calidez, de conciencia desdoblada que sólo se tiene al estar cerca de La Fuente. Se recordaba a sí mismo como un niño brillante hecho de polvo de estrellas. Pero su memoria le fallaba llegado ese punto, y a partir de ahí sólo podía revisitar su caída. La gran caída. No recordaba como ni porqué. Ni le interesaba lo más mínimo.

 

Después de aquello, llegó la oscuridad y la destrucción. Su existencia consistía en acabar con todo, y por tanto, también con él mismo. Destruir con saña, con perfección , con la dedicación y el detallismo de los que sólo un demonio era capaz. Destruir para poder alimentarse. Destruir por el mero placer que eso le producía.

Llegó un momento en que sus días se redujeron a comer, sólo comer, olvidado hasta de sí mismo, reducido a una alimaña hambrienta, como aquellos que cayeron antes que él.

Hasta que en su momento más bajo, cuando caminaba por el borde de su propia navaja, topó con el pequeño humano. Y a partir de ahí comenzó su perverso juego: el contrato. Esta vez todo sería distinto, esperaría aunque tuviera que morir de hambre en el intento. Esculpiría el alma del niño lentamente, a su antojo, retorciéndola cada día un poco más, en un sutil juego psicológico sin retorno. Para ninguno de los dos.

Pequeña criatura fascinante…

Supo que estaba perdiendo la cabeza cuando comenzó a dormir por necesidad, en vez de por placer, como acostumbraban los demonios en circunstancias normales. Cuando empezó a disfrutar con el insoportable dolor que de tanto en cuanto le producía su “estómago” vacío. Cuando las imágenes del conde aún niño se convirtieron en una película que se reproducía en bucle dentro de su mente, una y otra vez. Cuando sintió miedo y asco al ver a al pequeño mocoso gritar como una plañidera sobre el cadáver fresco de Abberline. Miedo de perder a su presa, miedo de no haberlo convertido ya, después de tres años, en un psicópata vacío por dentro, a su imagen y semejanza.

Quizás toda esta pantomima sólo servía para escapar de su propio vacío de millones de años de pura maldad, de vagabundeos fuera de las murallas del reino de Dios.

Para escapar del aberrante agujero negro en que él mismo se había convertido. Un desesperado intento para no acabar fundido en la nada que todo lo devora, y que a esas alturas ya le seguía los pasos muy de cerca.

Después de todo… quizás sería mejor rendirse y volver a La Fuente, y así, por fin, todo el sufrimiento desaparecería.

Pero había pasado ya tanto tiempo desde aquellos días de luz… que había olvidado completamente el camino de vuelta.

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~ por elphias1700 en octubre 30, 2009.

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